22 de agosto de 2016

EL INCUESTIONABLE PODER DE UN PENE

Maldito Diario As,

maldito tú y malditos todos los de tu especie. Malditos talibanes de la des-información que seguís alimentando un sistema patriarcal del que ya estamos empachados. O, permitidme el lenguaje exclusivo, empachadas.


Carolina Marín es la primera mujer no asiática que consigue una medalla de oro en Bádminton, pero eso a vosotros, como periodistas deportivos, os la suda. Valga la redundancia. No os parece relevante que tenga 23 años, ni que sea española, ni que se apellide Marín, ni que sea la primera mujer que lo logra. Os dan igual los años de lucha, las horas de entrenamiento y la indudable superioridad de la joven. Son datos irrevalentes si tenemos en cuenta que la persona que la entrena tiene pene. Y todos sabemos que quien tiene un pene, tiene un tesoro. Tanto, tanto, que el hecho de que Carolina sea una mujer queda en un segundo plano. Y es que no sólo no mencionáis la palabra mujer - no vaya a ser que alguno os lea y se crea que las mujeres somos capaces de alcanzar metas por nosotras mismas -  sino que ni siquiera la tratáis ya como una niña. Esa niña que admira a Rafa Nadal. La deportista olímpica es sólo una niñata, una cría consentida y rabiosa a la que - gracias a Dios - su entrenador ha salvado del abismo. El hombre, el macho ibérico, el macho alfa. El mérito es de él, no de ella. Ella no es más que un complemento circustancial detrás de un sujeto que lo abarca todo. La hazaña, la medalla y el logro de convertir rabietas en oro. Bendito sean ellos entre todas las mujeres.

Y si vuestro titular no era lo suficientemente machista y paternalista, lo acompañáis con una imagen que viene a confirmar lo mismo. Ella, una mocosa despreocupada, pasota, que no atiende, que no escucha, que vive de rabieta en rabieta. Él, el hombre, la profesionalidad, el talento, la templanza, el saber hacer.


No son exageraciones, no son paranoias. No es feminazismo, no es buscar tres pies al gato. Es sólo saber lo que es un sujeto y un predicado. ¿Quién? Él, Rivas. ¿Qué hace? Convertir. ¿Qué? Rabietas. ¿En qué? Ni más ni menos que en oro. ¿Rabietas de quién? ¡Ah, sí! De una tal Carolina.

Pero lo peor no es vuestro titular, lo peor es que la inmensa mayoría de la población lo lee sin inmutarse. Sin que le duela, sin que le pique. Sin ofenderse, sin alterarse. Les parece poco importante y carente de toda relevancia. Lo traga sin masticarlo y lo vomita, entre amigotes, sin digerirlo. Y así seguimos, removiendo mierda de otras culturas mientras titulamos - por enésima vez - que una mujer sin un hombre que la lleve, por no ser, no es ni mujer. 

10 de agosto de 2016

LAS CADENAS DE LA LIBERTAD

No he practicado este deporte en mi vida. Por eso, si alguien me dijera mañana "¿Te vienes a jugar al volley en la playa?", mi sentido común - acertado o no - me llevaría a vestirme para la ocasión de una forma que no se parece a ninguna de las de la imagen. No por nada, sino por todo. Pero como desconozco por completo qué sería lo más apropiado para sufrir lo menos posible durante el partido, mi opinión al respecto importa más bien poco.

(...) Todos son deportistas olímpicos pero basta con leer estos días los titulares sobre los Juegos para darse cuenta que de ellos importa su profesión, sus medallas y sus logros. De ellas, sin embargo, su físico, su ropa y su marido. Una vez más. Ellos, el talento. Ellas, la imagen. Ellos, personas que admirar. Ellas, objetos que mirar.


Pero, volviendo a la famosa imagen, yo lo único que sé es que si realmente los deportistas pueden elegir su indumentaria, me sorprende que los hombres nunca elijan cubrirse la cabeza. Igual que me sorprende que nunca decidan jugar en bragas. Es importante asumir de una vez por todas que el hecho de que algo sea normal culturalmente no quiere decir que no sea sexista. Y si, por definición, el sexismo es la "actitud discriminatoria que hace distinción de las personas según su sexo" estaremos de acuerdo en que a ambos lados de la red existe buena dosis de sexismo. Hay una verdad innegable y es que ningún hombre elige jugar así a este deporte. Ninguno. Nunca. En ningún lado. De ningún país. Ni uno. ¿Por qué? Ese es el debate. El día que reconozcamos que lo que cada uno entendemos por "libertad" viene marcado por los valores sociales, religiosos y culturales con los que convivimos, habremos madurado un poco. Mientras tanto, seguiremos como siempre. Aprovechando cualquier coyuntura para decirle a las mujeres qué ropa ponerse y, sobre todo, qué ropa quitarse. De los hombres, claro, ni mú. Que para eso vivimos en un mundo patriarcal, hombre. 

29 de junio de 2016

PERO... ¿POR QUÉ TE GUSTA TANTO MARRUECOS?

Sólo hay dos tipos de personas en el mundo; las que están enganchadas a Marruecos y las que no. Y, a menudo, las del segundo grupo plantean preguntas que no siempre es fácil contestar. Cuestiones tan trascendentales como "Pero... ¿por qué te gusta tanto Marruecos?". 

“No tengo ni la más remota idea de qué coño hablaban aquellas chicas y lo cierto es que no quiero saberlo. Las cosas buenas no hace falta entenderlas. Supongo que hablaban sobre algo tan hermoso que no podía expresarse con palabras y que, precisamente por eso, te hacía palpitar el corazón. Os aseguro que esas voces te elevaban más alto y más lejos de lo que nadie viviendo en un lugar tan gris pudiera soñar. Fue como si un hermoso pájaro hubiese entrado en nuestra monótona jaula y hubiese disuelto aquellos muros y por unos breves instantes hasta el último hombre se sintió libre.”


Efectivamente, no es fácil hablar de las cosas que te tocan el corazón. Nadie nos ha enseñado a hacerlo. Pero, ya que lo preguntas, te diré que me apasiona Marruecos porque...

1. Porque, como dice la canción, quiero acción y aquí no pasa casi nada.

Marruecos es una bomba para los sentidos y la cantidad de estímulos diarios que recibes hace que te sientas vivo. Hace que tengas que estar muy despierto para gestionar todo lo que el país te ofrece. Pura interacción. Pura acción-reacción. Cualquier día os va a pasar algo, nos dicen cuando volvemos por enésima vez. Pues por eso, joder. Por eso volvemos. Porque siempre pasan cosas, porque fluye (¡y de qué manera!). En múltiples escapadas por Europa hemos disfrutado de lo lindo de todo lo que viajar supone pero nunca hemos llenado la mochila de anécdotas como en el Magreb. Ni buscándolas, ni provocándolas. Jamás. Los momentos que nos regala el país africano, gracias a la inevitable improvisación, son únicos y no vemos el momento de bajar a vivirlos de nuevo. De cruzar el Estrecho para meternos ese chute de vida que tanto bien nos hace.


2. Porque la gente me mira a los ojos cuando me habla.

Y no sólo eso sino que me saluda cuando me ve y se despide cuando se va. (¡Mira tú si me conformo con poco!) Leyes básicas de convivencia que en algunos lugares parecen ya prohibidas. La gente en Marruecos no se corta; si les molesta lo dicen y si les gusta también. La gente se muestra, se expresa, se expone. No soporto a los que tienen la misma cara trabajando que de vacaciones. La misma actitud mosqueados que tranquilos. La misma expresión en el médico y en el bar. La misma sonrisa enamorados que amargados. En Marruecos si se enfadan, se enfadan. Y si se alegran, se alegran. Si quieren, quieren. Y si odian, odian. Si trabajan, trabajan al Sol en pleno Ramadán veraniego. Y si descansan... Si descansan descubres una nueva dimensión de la vida contemplativa. Con pasión, con intensidad. ¡Con actitud! No les gustan las medias tintas porque saben que, a la larga, siempre se acaban borrando. Van con todo o no van. Por eso, como se suele decir, a los marroquíes se les ve venir. Y me llena de energía que sea así.

3. Porque Marruecos es sinónimo de luz, de Sol. Y yo, de rezarle a algo, le rezaría al Sol.


4. Porque me encanta comer bien.

Y la vida en la calle, y el respeto a los mayores, y las sonrisas sinceras, y las muestras de cariño, y la espontaneidad... Como conté en la entrevista para la revista "La Senda de los Elefantes", mi pasión por Marruecos es difícil de explicar pero sé que desde que pisé el país por primera vez y sentí esa magia, esa vida, esa autenticidad, esa manera de reír, esa humildad, esa emoción, esa evasión, esa cultura, esa simpatía, esa realidad, esa hospitalidad, esa caótica tranquilidad, esa empatía, esa sencillez, esa naturalidad, esa honestidad, ese desparpajo, esa alegría… ya no he vuelto a ser la misma.

5. Porque estar en Marruecos es estar en casa.

Y como en casa no se está en ningún sitio. El país me sienta tremendamente bien y, con sus cosas buenas y sus cosas malas, saca lo mejor de mí. Cuando estoy allí soy yo, sin filtros. No sé si es por la gente, por el ambiente, por la forma de vida... pero en ningún lugar siento tanta confianza para soltarme como lo hago en Marruecos. Creo que sólo hace falta ver mis fotos para darse cuenta de que estoy en mi salsa. O, como dice Eva, en mi charca. Sé que no es la más limpia ni la más tranquila, pero es la mía. En la que más agusto chapoteo. Y chapotear sin temor a salpicarse es, a día de hoy, lo más parecido que conozco a ser libre.

18 de mayo de 2016

¿ES PELIGROSO VIAJAR A IRÁN?

No, rotundamente no. Es cierto que pararse a mirar detenidamente la ubicación exacta de Irán en un mapa no es, de primeras, lo más tranquilizador del mundo. Vecinos como Siria, Irak, Turquía, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Turkmenistán, Pakistán, Afganistán... Entre eso y la incesante labor de los medios de comunicación por hacer que sólo nos lleguen noticias entre malas y muy malas de ciertas partes del mundo, es normal que Irán asuste. Nos han educado para eso, para que nos dé miedo. Para que no pensemos por nosotros mismos y para que no se nos ocurra salir a descubrir un país con infinidad de cosas por ofrecer. Para que ni se nos pase por la cabeza tratar con un pueblo, como ya he comentado, amable, tranquilo, culto, con ideas propias, hospitalario, rebelde y educado. No vaya a ser que a alguno se le pegue algo...


Irán es un país de esos que consigue que ya estés pensando en tu siguiente viaje cuando aún ni siquiera has vuelto a casa. Una de esas realidades que te recuerda porqué hace años que no ves los telediarios ni nada que se le parezca. Un entorno que te obliga a gritar a los cuatro vientos todo lo que te ha regalado durante tus días allí. Sé que hasta que no lo veas no lo terminarás de creer, pero la sensación de seguridad total que se respira en la calle, tanto de día como de noche, es una evidencia que todos los que hemos visitado el país podemos confirmar. Es cierto que la gente te mira mucho, pero lo hacen siempre desde la distancia, el respeto, la prudencia y la más profunda curiosidad. Les encanta recibir extranjeros y, sin darte casi ni cuenta, le habrás contado a medio país de dónde eres, por qué estás en Irán, de qué equipo eres, si estás casada o soltera, qué países has visitado, en qué trabajas, cómo es tu ciudad...

Nadie puede negar que el turista es el centro de atención pero puedo prometer y prometo que el nivel de acoso es nulo. O, para curarme en salud, prácticamente nulo. Evidentemente, como en cualquier lugar del mundo, pueden ocurrir episodios feos en momentos concretos y con personas determinadas (¡faltaría más!) pero sentirse agredido, violentado o acosado en Irán es muy, muy, muy complicado.


Es posible que aún sabiendo que la seguridad es uno de los puntos fuertes del país, te asalte la eterna pregunta. "Pero... ¿también es seguro para chicas solas?" He de reconocer que durante nuestro tiempo allí no vimos ni un solo grupo de chicas viajando sin hombres. Ni uno. La inmensa mayoría de los que actualmente visitan Irán lo hace en macro-grupos organizados de unas 10-20 personas. ¡Qué agobiorrrrrr! O en pareja. O en grupos mixtos de colegas. Pero apenas hay chicas solas. Y, honestamente, no hay razones para ello. Al contrario. Irán es un país muy tranquilo y cómodo para el visitante, donde cualquiera está dispuesto a ayudarte antes de que puedas pedir ayuda.

Y aunque suene raro en el mundo en el que vivimos, no sólo no es peligroso para extranjeras sino que - para mi forma de entender los viajes - es mucho más recomendable viajar sólo chicas. Sin hombres, solamente mujeres. Y por vuestra cuenta, claro. Sin nada organizado. Es verdad que ellos no tienen que cumplir un código de vestimenta tan marcado como el nuestro, pero siendo mujer es muchísimo más fácil adentrarse en el país, en las conversaciones, en los paseos, en las casas, en los planes, en los secretos... Ellos nunca podrán descubrir como nosotras todo lo que la mujer iraní esconde detrás de su velo. Y os aseguro que ese, precisamente ese, es uno de los mayores tesoros de este desconocido y misterioso rincón de Oriente Medio.


Así que si la seguridad del país es lo que te preocupa... olvídate de todo y compra ya tu vuelo.

¡En Irán te están esperando con los brazos abiertos!

¿SABÍAS QUE EN IRÁN...?

- La homosexualidad es castigada con pena de muerte pero las operaciones de cambio de sexo están permitidas. Fue el mismísimo Ayatolá Khomeini, el fundador de la República Islámica, el que aprobó que así fuera.

- Consumir alcohol está prohibido y la gente no sólo lo consume (gracias al mercado negro) sino que es bastante habitual que algunos lo produzcan en casa. Cerveza y vino principalmente. Y, aunque no lo hemos comprobado de primera mano, por lo que cuentan, de bastante buena calidad.

- Tanto si eres iraní como si no, si eres mujer tu vestimenta debe cumplir tres requisitos básicos: pañuelo en la cabeza, manga por debajo del codo y culo siempre, siempre cubierto.

- La moneda del país es el rial pero la gente habla en tomanes, una moneda que no existe. Incluso muchos precios están escritos en tomanes. De ahí que sea muy importante saber en todo momento en qué moneda nos estamos comunicando. (1 euro son aprox. 38.000 riales. Y 1 tomán son 10 riales)


- Los iraníes no son árabes. Ni tampoco lo parecen. Ellos mismos te lo recordarán en varias ocasiones. "No somos árabes, somos persas". Pero, aunque la mayoría que sí lo son, tampoco es del todo cierta la afirmación. Los iraníes también son azeríes, kurdos...

- Irán es el país del mundo en el que más operaciones de rinoplastia se hacen.

- A diferencia de lo que nos resulta habitual, la mayoría de los maniquís en las tiendas son hombres.

- Los números allí son diferentes. Aunque una vez que te familiarizas con ellos resultan bastante intuitivos, siempre llama la atención convivir con algo que no es nuestra verdad universal.


- Es uno de los mayores exportadores a nivel mundial de petróleo, gas natural y... pistachos. Maravillosos pistachos. He de reconocer que llevaba años sin tomarlos y no he podido evitar volver a casa con una bolsa llena de ellos. ¡Qué manjar!

- En Irán tienen un calendario diferente al nuestro y mientras que aquí es 18/05/2016, allí es 29/02/1395.

- Los iraníes hablan farsi. Es cierto que también se lee de derecha a izquierda pero, aunque su escritura nos parezca árabe, no lo es.

- Irán es una República Islámica poco religiosa. Cuando visitas países musulmanes como Marruecos, por ejemplo, es literalmente imposible no escuchar las múltiples llamadas a la oración desde las diferentes mezquitas que siempre te rodean. El viernes, el día sagrado, la gente se pone sus mejores galas. Puedes encontrarte gente rezando en prácticamente cualquier lugar de las ciudades. Las mezquitas siempre están llenas. Llenas no, llenísimas. Tanto en su interior como fuera de ellas. Pero en Irán esto no ocurre. Las llamadas a la oración son tan discretas que a veces ni te percatas de que están sonando, en el día a día las mezquitas están prácticamente vacías, tampoco es habitual ver a nadie rezando en la calle...


- El transporte público (taxi, metro, autobuses...) es baratísimo y no hace falta ser un genio para darse cuenta que el hecho de que la gasolina valga nada y menos puede tener algo que ver.

- Hasta hace nada, conseguir el visado para entrar a Irán era un jaleo. De tiempo, de papeles, de dinero...
Pero desde hace pocos meses la cosa ha cambiado y ya no sólo no tienes que cubrirte el pelo si eres mujer para hacerte la foto sino que si vas un tiempo determinado al país te hacen el visado directamente en el aeropuerto, a tu llegada.

- Es tan habitual ver a mujeres vestidas de riguroso negro, con el chador cubriendo todo su cuerpo salvo su cara, como ver a chicas maquilladísimas, con las cejas pintadas y tatuadas, la nariz operada, con el pañuelo lo más atrás que la gravedad permite, colores llamativos... Modernísimas rozando lo hortera.

- Las letrinas suelen ir acompañadas no sólo de grifo con regulador de temperatura sino también con cisterna. Y si aquí una servidora ya era fan incondicional de este tipo de baños, después de haber descubierto estos dos complementos extra creo que ya puedo morir tranquila.



- La censura es una de las asignaturas preferidas de sus gobernantes. Decenas de libros están prohibidos, pero la gente los tiene en casa. La televisión por satélite está prohibidas pero en muchísimos hogares ven cualquier canal del mundo. Múltiples webs como Facebook están capadas en todo el país, pero la gente
se las apaña con filtros y similares para saltarse una vez más la prohibición.

- Si en tu pasaporte tienes algún sello de Israel, se te prohibe la entrada al país.

- Visitar Teherán ha sido lo más parecido que he hecho en mi vida a descender a las cloacas, al inframundo. El aire de la ciudad es puro veneno y el olor a neumático y combustible aún lo tengo en la garganta.

- No encontrarás ni un solo McDonalds en Irán.