5 de diciembre de 2016

EL PAÑUELO TIENE EL VALOR QUE TÚ LE DES

Es increíble la cantidad de mujeres que, tras mi viaje a Irán, me dicen que a quién se le ocurre ir a un país en el que te obligan a ponerte un pañuelo sólo por ser mujer. Como si no hubiera nada más denigrante en esta vida. Como si eso fuera lo más importante a tener en cuenta antes de visitar una cuna de civilizaciones. Para entrar al Vaticano - o para entrar en misa durante mi etapa en un colegio católico - es requisito indispensable cumplir unas normas de vestimenta. Para entrar en Irán, igual. Ni que decir tiene que, como imposición que es, me parece opresivo e injusto. Pero no por mí, que sólo estoy de paso y voy de buena gana y de forma voluntaria, sino por los millones de mujeres iraníes que lo llevan obligatoriamente toda su vida. Aunque, repito, ojalá lo más grave para los ciudadanos en Irán fuera eso. Para una extranjera que va de vacaciones es sólo un complemento más. Un complemento que te protege del Sol que pega, especialmente en verano, y que resulta insignificante si lo comparas con la cantidad de realidades, personas, monumentos, historias y paisajes que te permite conocer. Si me dicen que para conocer Birmania tengo que llevar siempre un collar, me pongo un collar nuevo cada día. Si me dicen que para visitar Senegal tengo que ir vestida de color azul, me llevo azul hasta el pijama. Y si me dicen que para estar en Irán tengo que llevar un pañuelo, me llevo varios de casa y me compro otros tantos allí, en cualquier bazar. ¿Un pañuelo a cambio de uno de los mejores viajes de mi vida? Fair enough, que dirían aquellos. No pasa nada. Firmo. Es sólo tela. Sigo siendo la misma. Solo que ahora, además de haberme puesto en la piel de muchas mujeres, tengo decenas de experiencias nuevas en la mochila gracias, entre otras cosas, a llevar un pañuelo de aquella manera (como lo llevan ellas). ¿Vuestro valor como mujer os lo da u os lo quita el llevar una tela en la cabeza? ¿Qué sois? ¿El ayatolá Khomeini?


9 de noviembre de 2016

AL CALOR DEL HOGAR

Durante el tiempo que viví en Barbastro (Huesca) iba a menudo a Galdakao (Bilbao) por motivos de trabajo. Para el que no lo sepa, "ir de puesta en marcha" para un ingeniero es, básicamente, marchar a una ciudad (a veces de otro país y de otro continente) durante días, semanas, meses... a poner a punto una máquina mientras vives en un hotel y trabajas más horas de las que trabajas en tu puesto de trabajo habitual. En el peor de los casos, que era el mío, vas tú solo. Sin otros compañeros de trabajo. Zigor y Fouzia viven allí y siguen mi blog desde hace mucho tiempo. Cuando se enteraron de que estaría por la ciudad quisieron conocerme y, a mí que me gusta mucho una quedada, no pude decir que no. Los visité en varias ocasiones; me acogieron en su casa, me enseñaron zonas de Bilbao que no conocía como el famoso barrio San Francisco, cenábamos juntos... Era como si los conociera desde hacía mucho tiempo.



Una de aquellas veces, para mi desgracia, pillé una de esas gastroenteritis que hacen que pases, literalmente, toda la noche en el baño y, en vez de ir a trabajar, acabé en Urgencias. Después de subir aquella cuesta que me pareció eterna, hasta el hombre del mostrador del hospital se quedó en shock al ver mi lamentable aspecto. "Espera, espera que te traigo una silla de ruedas". Para mi sorpresa, mientras Fouzia trabajaba, Zigor vino a verme al hospital sin avisar. Y cuando salí, mientras Zigor trabajaba, Fouzia me cuidó como una madre pero teniendo mi edad. En vez de pasar mi pena sola en la habitación de un hotel de una ciudad "desconocida", la pasé con ellos. Con siestas con manta en el sofá y hasta el gato dando mimos. Con cremosos purés de calabaza, limonadas naturales, tés morunos, pastas marroquíes y bizcochos de chocolate que la rabatía hacía. En un hogar, que es donde mejor se pasan las penas. Y no solo eso sino que, cuando me fui, lo hice con tuppers de maravillosos briwat de pollo bajo el brazo. ¡Briwat de pollo caseros! ¡Briwat de pollo caseros con ese saborcillo que le dan los condimentos! Y, por si alguien aún no se había dado cuenta, a mí se me conquista por el estómago.



Y algunos aún creen que yo me levanto cada mañana con ganas de hundir Marruecos con mis superpoderes mágicos... ¡Muy, muy tonta tendría que ser para morder la mano de quien me cuida y me da tan bien de comer! <3 p="">
Zigor, Fouzia... gracias por tanto a cambio de nada.
¡Nos vemos muy pronto! :D (Inchallah)

7 de noviembre de 2016

LA GRAN DUNA NO SIEMPRE ES MÁGICA

Las reacciones no se han hecho esperar y agitar un tema tan conocido para todos los que hemos andado un poco por Marruecos como es el de las chicas Shurkran - ese término creado por Jordi Mateo en su libro para referirse a esas mujeres inocentes que confían en príncipes marroquíes sin corona - iba a traer consecuencias.

De la misma forma que hace unos meses publiqué el testimonio en primera persona de tres jóvenes musulmanas de origen marroquí que se pusieron en contacto conmigo para poder denunciar públicamente que habían sido agredidas en el metro de Barcelona (sin que eso signifique que todos los usuarios de este transporte público sean una banda de racistas agresivos), hoy publico el testimonio de esta chica española, también en primera persona, que se dio cuenta de la manera más fea posible de que algunos cada día están más convencidos de que pueden estar con cualquier mujer que les apetezca. Un guía que vive del turismo, mintiéndole acerca de sus intenciones reales, le hizo ir a donde ella no quería para hacer lo que no pretendía (sin que esto signifique que todos los guías del Magreb sean unos sinvergüenzas).


"Hola Carlota,

Hace unos días leí tu entrada sobre las chicas Shukran y necesitaba escribirte. Más o menos hace un mes estuve por primera vez en Marruecos. Un viaje de 5 días en el que me acompañó mi compañera de trabajo. Viajamos desde Marrakech a Merzouga y la verdad es que fue un viaje extraordinario, a excepción de la noche que pasamos en el desierto. La pareja que lleva la agencia con la que viajamos nos dejó a pie de duna. Allí conocimos al guía que nos iba a acompañar, así como a dos compañeros más que iban a disfrutar con nosotras de la experiencia. Llegamos a nuestro campamento, cenamos en compañía de nuestros compañeros, y más tarde llegó otro guía - amigo del nuestro - que se unió a nosotros. Venía de unas jaimas cercanas, parece ser que acompañaba a otro grupo de turistas. Estuvimos bebiendo té, tocando los tambores, cantando, jugando a algún juego... Los chicos franceses que nos acompañaban decidieron irse a dormir y nosotras, que no estábamos muy cansadas, nos quedamos allí con los guías. Subimos a una pequeña duna y fue entonces cuando nos propusieron subir a otra más grande. Las vistas eran maravillosas, o al menos eso aseguraba en repetidas ocasiones uno de ellos.


A mitad de camino, mi amiga estaba cansada y decidió parar, nuestro guía se quedó con ella y yo decidí continuar, pero llegó un momento que yo no quise subir más. Estaba cansada y no quería alejarme demasiado, pero el guía insistía en que desde arriba todo era mucho más bonito. Seguí un poco más hasta que al poco rato decidí finalmente parar y me senté. Ya estábamos bien alejados del resto y del campamento. Fue en ese momento cuando me soltó un ‘I love you’. Se acercó hasta que consiguió intimidarme y ya entendí qué estaba pasando. Le dije inmediatamente que me quería marchar de allí, aunque todavía en un tono amistoso. Yo estaba sentada, él de pie frente a mí. Entonces me cogió de los tobillos y empezó a tirar de ellos para descender así duna abajo. Quería enseñarme lo "divertido" que era bajar como si estuviera deslizándome por un tobogán. Y, después de unos metros, accidentalmente se tropezó y cayó sobre mí...
  
Ahí ya me puse realmente nerviosa y le volví a repetir que quería irme. Estando ya de pie, intentaba cogerme de las manos y yo no sabía cómo salir de allí. Bajé corriendo y mientras él solo decía ‘tranquila’ yo no paraba de decir 'no, no, no'. Conseguí llegar al campamento y, una vez allí, aún me enseñaba dónde iba a dormir él por si acaso aún me planteaba pasar la noche en compañía... Llegué a mi jaima y cuando vi a mi amiga ya respiré. Por primera vez en mi vida me sentí vulnerable, indefensa. Me vi envuelta en una situación muy incómoda, en un territorio completamente desconocido para mí y de noche. Di gracias porque esa noche tuviéramos dos compañeros más durmiendo en la jaima de al lado, de que fuéramos cuatro y no solo dos como íbamos a ser en un principio, y pasé la noche como buenamente pude.



Al día siguiente, reflexionando la situación conmigo misma, pensaba… “es que me fío demasiado de la gente, es que no tenía que haber subido a ningún sitio, ¿quizás fui demasiado simpática?, ¿quizás di señales erróneas?” Hacía muchos años que soñaba con ese viaje y esa noche lo único que yo quería era deleitarme con el paisaje nocturno y la luna, disfrutar del absoluto silencio del desierto y absorber esa maravilla. Y, sin quererlo, me encontré repitiendo en varias ocasiones “NO” cuando con una sola vez debería haber bastado. Es muy grave que jueguen con la inocencia del turista, que está en un territorio completamente desconocido y, por tanto, en amplia desventaja. Sé bien que, por desgracia, esto no sucede únicamente en Marruecos, pero necesitaba contar mi experiencia ya que tu descripción de ciertos comportamiento en la publicación de las chicas Shukran me sonó terriblemente familiar. Ninguna mujer, en ningún lugar, debería verse envuelta en una situación similar. Y lo que es peor aún, pensar que pudo haber sido culpa suya, como me pasó a mí.

Muchas gracias por leerme y muchas gracias por escribir lo que escribes, es muy importante que sigas haciendo lo que haces, que nos sigas hablando de una realidad que sucede, que está pasando. Haces un trabajo increíble.

¡Muchísimas gracias, de verdad!"

6 de noviembre de 2016

POR ELLAS

Creo que no es la primera vez que digo que lo que más me gustó de Irán fueron sus mujeres. No he tratado con gente más rebelde en mi vida. Mujeres con las que conversamos, de tú a tú y sin muros de por medio. Mujeres que nos acogieron en su casa, sin pedirnos nada más que compañía, y con las que descubrimos lo dura que es la realidad en ciertos lugares. Eran chicas como yo, como Cris y como Eva. Más jóvenes. Con niños que ya iban al cole. El reloj biológico de otros así lo había querido para ellas. Personas con sueños, con ilusiones y con ganas de vivir. A pesar de todo. De experimentar, de descubrir y de sentir. Jóvenes que se reían con las mismas cosas que nosotras y disfrutaban como disfruta cualquier ser humano. Nos preguntaban que si nos gustaba nuestro "marido". Una de tantas preguntas que nos hacía pensar. Vacilaban con sus primas y hermanas sobre los mismos temas que vacilo yo con mi gente mientras no dejaban de hacernos preguntas sobre nuestros viajes y nos pedían que les enseñáramos fotos. Continuamente. Andaban por casa como cualquiera, descalzas, con sus leggins negros, su camiseta de manga corta y su moño mal arreglado. Pero por la calle llevan chador. "¿Cómo me va a gustar llevar esto? Es sólo que mi marido es muy celoso". Os prometo que hiela la sangre la naturalidad y normalidad con la que hacen ciertas afirmaciones. "Resignación, Carlota. ¿Qué voy a hacer?". Ni siquiera había elegido con quién casarse. Chavalas coquetas y presumidas que visten de riguroso negro y dejan aparcado el maquillaje para poder entrar a la Universidad. Aunque haya carreras, como la que yo estudié, a la que tengan prohibido el acceso. Les comentábamos que nos había llamado la atención que en el vuelo a Teherán sólo una única mujer llevara la cabeza cubierta. Con un hijab verde oscuro. Y nos miraban con cara de "¿y de qué os extrañáis?" Les obligan a ser musulmanas. O, mejor dicho, a parecerlo. Porque podrán imponer leyes y normas, pero jamás impondrán creencias. Mucho menos a un pueblo culto. Jamás.


12 FRASES CLAVE PARA RECONOCER A UN MACHISTA DE MANUAL

Que el mundo es un lugar machista parece una verdad innegable. Pero basta con salir a la calle - o entrar en cualquier red social - para darse cuenta de que hay millones de hombres y, lamentablemente, millones de mujeres que no sólo no son capaces de verlo sino que te harán creer que estás loca por hablar de ciertas evidencias. Si bien es cierto que el machismo de much@s resulta sutil, elegante y está perfectamente interiorizado, el de otros... el de otros ofende, como decía aquella, a cualquiera que tenga más sentimientos que un felpudo. Ellos solo se delatan, escupiendo esas frases míticas de todo "Machista de manual".

1. Eres una amargada. Odias a los hombres.
Para el imaginario machista, toda mujer que luche por que se le reconozcan capacidades y derechos que tradicionalmente han estado reservados sólo al colectivo masculino, es una amargada que quiere que los hombres se mueran. Además de fea y, por encima de todas las cosas, malfollada. Las dos neuronas son incapaces de elaborar una teoría más elaborada y hasta ahí pueden leer.

2. ¿Cómo voy a ser machista si quiero mucho a mi madre y a mis hermanas?
Los jefes que pagan menos a sus empleadas por ser mujeres también tienen esposas. Los dueños de discotecas que obligan a sus camareras a llevar escotes imposibles también tienen hermanas. Los violadores también tienen madre. Los responsables de mafias de trata de blancas también tienen hijas. Y así con todo.

3. Lo que pasa es que eres una envidiosa.
Siempre que haya mujeres feministas recriminando actitudes machistas a mujeres que aparecen en televisión, aparecerá el machito de turno diciendo que a ti lo que te pasa es que eres una envidiosa rabiosa. Por todos es sabido que la aspiración máxima que puede tener cualquier mujer es un buen par de tetas y un culo bien puesto.

4. Conduces muy bien para ser mujer.
Si conduces bien, tienes buena orientación, eres buena en ciencias o sabes arreglar ciertos aparatos... es porque lo haces como un hombre. Sin embargo, si lloras, eres sensible o muestras tus sentimientos eres una nenaza. Recuerda, los niños no lloran.


5. ¿Por qué no hablas de que cuando hay un divorcio ella se queda con la casa?
No falla. Cuando hablas del nuevo asesinato de una mujer a manos de su pareja, no tarda demasiado en salir el filósofo de turno recriminándote que porqué no dices que cuando un matrimonio se divorcia la casa se la queda ella. Como si existiera una relación lógica entre ambos sucesos. ¿Y por qué no hablas de los hombres maltratados psicológicamente por sus mujeres? Como si ambas luchas fueran incompatibles y/o excluyentes.

6. Yo no soy machista, cuido y protejo mucho a las mujeres.
Comos si fuéramos flores. Cuidar y proteger, esas dos palabras que pueden volverse tan peligrosas. Según la RAE, cuidar es "ocuparse de una persona que requiere de algún tipo de atención o asistencia, estando pendiente de sus necesidades y proporcionándole lo necesario para que esté bien o esté en buen estado." Si fuéramos iguales no sería la mujer la que siempre tiene que ser cuidada por un hombre. Por pura definición, nadie tiene una actitud paternalista con alguien que está a su mismo nivel.

7. Si se pone esa ropa es porque le gusta que le digan cosas.
Uga, uga, uga. El mundo gira alrededor de mi pene. Uga, uga, uga. Es curioso observar cómo aquellos a los que decir, en plena calle y entre babas, opiniones que nadie les ha pedido sobre el aspecto de una mujer son los que más se ofenden cuando otro se lo dice a su hermana, a su hija o a su mujer. Si tan maravilloso y romántico es, ¿por qué te molesta que lo hagan otros con tus chicas?

8. Hay muchas denuncias falsas de mujeres y de eso no dices nada.
Hacer de la excepción, la regla. Como bien se publicó recientemente, sólo el 0,4% de las denuncias por violencia de género hechas en España son falsas. Y, por si no te habías dado cuenta, son precisamente ese tipo de denuncias las que hacen que se dude, se desacredite y se desconfíe de las que realmente han sufrido un abuso sexual. Las que hacen que hasta jueces pregunten a las denunciantes si "¿cerró usted bien las piernas?"


9. Yo ayudo mucho a mi mujer en casa.
Como si las tareas de casa fueran, efectivamente, labor de la mujer. Y también ayudo mucho con los niños. Como si los niños fueran sólo de ella. A algunos sólo les falta añadir que mira si son buenos hombres que hasta, sentados en el sofá, levantan los pies para que su chica pueda pasar bien la fregona.

10. ¿Qué pasa? ¿Estás con la regla?
O eso o, una vez más, necesitas un buen polvo. Una de dos. Si no, no es normal que una mujer quiera ser tratada como un ser humano. No es normal.

11. Ni machismo ni feminismo, igualdad.
Basta con haber abierto un diccionario al menos una vez en la vida para saber diferenciar ciertos términos.

12. Eres una feminazi.
El termino estrella, la palabra clave presente en toda boca de un/a machista de manual. Que las mujeres queramos ser tratadas como lo que somos hace que salten todas las alarmas y ¿qué mejor opción que criminalizar su lucha para hacer que el mundo las odie? Los nazis mataron sólo en Auschwitz a casi 6 millones de personas. ¿A cuánta gente ha matado el feminismo en su historia? El machismo, sin embargo, mata cada día pero las nazis somos las que intentamos erradicarlo. Gracias a ciertas feminazis, ahora podemos votar, tener una cuenta corriente y salir de casa sin autorización de un hombre. ¿De verdad eres tan, tan, tan sumamente miserable como comparar a esas mujeres - muchas de las cuales dieron su vida para que otras tuviéramos derechos - con Hitler y compañía? ¿De verdad?